LA LEYENDA DEL KILIMANJARO

Nos lo contó PABLO CALLABA con sus palabras y su mundo emocional, también vino la TELEVISIÓN DE ARAGÓN para documentarlo con un reportaje sobre los pueblos emergentes, y ahora llega ANDER con el arte que tiene tras las cámaras para compartir algunos de los grandes momentos que nos dejó el CAMPAMENTO ROVER - GRIÉBAL 2018, una experiencia que aún reuniendo todos los textos, todos los testimonios y todas las imágenes, será dificil de retratar para quien no lo vivió desde dentro, y difícil de olvidar para los que estuvieron allí. Este vídeo, y el álbum de fotos actualizado del blog, nos ayudará a recordarlo y revivirlo hasta nuestra próxima aventura Rover:





También dejamos por aquí un texto leído en la ceremonia del Clan Kilimanjaro "100 años de Roverismo", preparada por una comisión Rover para la acampada de Abril del 2018.

"El monte Kilimanjaro (Tanzania) ha inspirado leyendas innumerables, muchas de las cuales circulan todavía entre las gentes que viven en sus proximidades.


Una de ellas, atribuida a los masai, habla de un antiguo trono guardado en Kibo. Según dicha leyenda, Menelik, hijo del rey Salomón y de la reina de Saba, salió un día de su palacio para conquistar nuevas tierras más allá de las fronteras de su reino.

El soberano logró victoria tras victoria, reuniendo grandes tesoros por donde quiera que fuera; pero, con el tiempo, se cansó de sus empresas y decidió volver a su país. Y entonces ocurrió que, al abandonar la región de la actual Tanzania, el camino que seguía se vio interrumpido de pronto por la inmensa mole del Kilimanjaro.


Convencido de que el macizo era el lugar más alto de la Tierra y que por esa razón,Ngai, su dios, había de vivir en su cumbre, Menelik decidió emprender la ascensión del monte en busca del apoyo de la divinidad, pues se encontraba enfermo y tenía el presentimiento de que su fin estaba próximo. Menelik convocó a sus más fieles y esforzados guerreros para que le acompañaran hasta las proximidades del cráter, hasta el lugar de las nieves perpetuas. Pero desde este punto continuó solo, llevando consigo sus más preciados tesoros. Cuando alcanzó la cima, Menelik cayó en brazos de Ngai.



El dios lo acogió amorosamente y lo llevó a un trono que había preparado especialmente para el animoso y emprendedor soberano. Y en el preciso momento en que se sentaba en él, Menelik recobró súbitamente su salud y su vigor… Dicen que Menelik reina allí todavía, mostrando su benevolencia hacia cualquiera que escale el Kilimanjaro en honor suyo. Pero su tesoro continúa siendo inviolable, enterrado profundamente en el hielo y bajo el ojo eternamente vigilante de Ngai.


Desde entonces y hasta nuestros días, todos los escaladores que se aventuran en el interior del cráter ven un solitario y extraño pináculo de hielo que se yergue, enigmático, en medio de restos de lava. Nadie sabe exactamente lo que es… Pero todo el mundo quiere creer que este mudo y gélido monumento no es otra cosa que aquel fabuloso trono ofrecido a Menelik y que sigue en pie, eternizado, con la vida que le diera una leyenda…"